Cómo saber si tu geriátrico realmente estimula la mente de las personas mayores
¿Tu geriátrico realmente estimula la mente de las personas mayores o solo “llena el tiempo”? Descubrí cómo evaluar la estimulación cognitiva en geriátricos y usá el test de estimulación cognitiva para geriátricos de Mnemos como brújula para mejorar.
APPS DE ESTIMULACIÓN COGNITIVAGERIÁTRICOS Y RESIDENCIASINSTITUCIONESRECOMENDACIONES
Por Lic. Miriam R. Garbatzky
12/18/20255 min leer


En casi todos los geriátricos pasa lo mismo: hay actividades. Siempre hay algo en el pizarrón, una lotería (o un bingo), un taller de movimiento, alguna película de fondo, una misa ocasional. Sobre el papel, la institución “hace cosas”. Sin embargo, cuando miramos de cerca qué pasa con la mente de las personas mayores, la pregunta incómoda aparece sola:
¿Tu geriátrico realmente estimula la mente de los residentes o solo ayuda a pasar el tiempo?
En un contexto donde las familias preguntan cada vez más por el “bienestar cognitivo” y las neurociencias se volvieron parte del lenguaje cotidiano, decir “hacemos actividades” ya no alcanza. Lo que importa es cómo se estimula, con qué lógica, con qué objetivos y con qué continuidad.
Este artículo propone un recorrido sencillo para que puedas evaluar la estimulación cognitiva en tu geriátrico sin caer en la culpa ni en la autojustificación. Y, sobre todo, te muestra cómo usar una herramienta concreta –el test de estimulación cognitiva para geriátricos de Mnemos– como brújula para ordenar decisiones.
1. De “llenar horas” a diseñar experiencias cognitivas
Durante muchos años, en las residencias para personas mayores, el criterio era simple: que no haya tiempo muerto. La lógica de “mantener ocupados” a los residentes se volvió un estándar. Sin embargo, la evidencia clínica y las neurociencias coinciden en algo: no es lo mismo estar ocupado que estar cognitivamente estimulado.
Repetir siempre los mismos juegos sin variación no desafía a la mente.
Proponer actividades sin conexión con la historia y los intereses de las personas genera desmotivación.
Organizar acciones sin continuidad ni seguimiento impide ver si algo realmente está ayudando.
El desafío actual de las instituciones no es hacer “más cosas”, sino hacer mejor lo que ya hacen y organizarlo con criterio cognitivo.
2. Cinco dimensiones para evaluar tu institución sin autoengañarte
La pregunta entonces es: ¿por dónde empiezo a mirar? En Mnemos trabajamos con un enfoque que ordena la mirada institucional en cinco dimensiones. Las mismas que estructuran nuestro kit de autoevaluación:
Actividades cognitivas
Capacitación del personal
Entorno físico y estético
Evaluación y diagnóstico
Articulaciones y recursos
Mirarlas una por una permite hacer un diagnóstico honesto y accionable.
2.1. Actividades cognitivas: ¿hay plan o solo lista de ideas?
Acá la pregunta clave no es cuántas actividades hay, sino si existe un calendario pensado para trabajar diferentes funciones cognitivas: memoria, atención, lenguaje, lógica, planificación, creatividad.
Algunos indicadores de madurez:
Existe un calendario mensual visible y claro.
Hay variedad temática (lenguaje, música, refranes, lógica, imágenes, recuerdos).
No se repiten siempre las mismas dinámicas.
Se registra quién participa y cómo evoluciona.
Si hoy tus actividades están basadas en “lo que se nos va ocurriendo”, no es un fracaso: es un punto de partida. Lo importante es ordenarlas para que formen parte de un plan.
2.2. Capacitación del personal: sin equipo formado, no hay estimulación posible
Las ideas más brillantes para estimular la mente se caen si el equipo no tiene herramientas. La estimulación cognitiva en geriátricos no es algo que deba recaer solo en “la psicóloga” o “la tallerista”: atraviesa enfermería, cuidadores, acompañantes, coordinación.
Preguntas incómodas pero necesarias:
¿El personal conoce técnicas básicas de estimulación?
¿Hubo capacitaciones recientes en envejecimiento, neurociencias o memoria?
¿El equipo tiene espacios para pensar juntos lo que hacen?
Cuando la respuesta a todo es “no”, el resultado suele ser improvisación, sobrecarga y actividades que se repiten por inercia.
2.3. Entorno físico y estético: el edificio también piensa
La estimulación cognitiva no ocurre solo en los talleres. También se juega en los pasillos, en la cartelería, en los rincones, en la música que suena, en lo que se ve cuando uno se levanta de la cama o entra al comedor.
Algunos ejemplos:
Paneles visuales con refranes, fotos, palabras, imágenes significativas.
Rincones temáticos (cine, viajes, tango, oficios) que disparan conversación.
Carteles claros y adaptados para facilitar orientación.
Renovación periódica de estímulos para evitar la “ceguera de costumbre”.
Un entorno pensado desde la cognición y la emoción convierte cada recorrido en una oportunidad para activar la mente.
2.4. Evaluación y diagnóstico: sin datos, todo es sensación
Otro punto crítico: muchas instituciones hacen actividades, pero no miden. No hay evaluación de ingreso, no se comparan momentos, no se generan perfiles grupales. Todo se basa en frases como “acá están bien contenidos”, “acá se los estimula mucho”.
Contar con una evaluación simple, periódica, no solo ayuda a mejorar la propuesta; también permite comunicar mejor a las familias qué se está haciendo y por qué.
2.5. Articulaciones y recursos: la institución no puede sola
La estimulación cognitiva de calidad rara vez se sostiene sin articulaciones. Artistas, talleristas externos, instituciones culturales, organizaciones de salud y educación pueden aportar variedad, aire nuevo, recursos y legitimidad.
Revisar esta dimensión implica preguntarse:
¿Tenemos redes activas o trabajamos siempre en circuito cerrado?
¿Contamos con material impreso, juegos, recursos digitales?
¿Existe un presupuesto específico para actividades cognitivas?
Responder honestamente es el primer paso para planificar cambios.
3. Del diagnóstico casero a una autoevaluación profesional
Todo lo anterior se puede hacer “a ojo”. Pero el riesgo es caer en el autoengaño: justificar lo que ya se hace o subestimar lo que falta por no tener una escala clara.
Por eso, desde Mnemos desarrollamos un kit de autoevaluación institucional y un test de estimulación cognitiva para geriátricos que transforman estas preguntas en un instrumento concreto, rápido y gratuito.
En menos de 5 minutos, la institución responde 25 ítems que cubren las cinco dimensiones mencionadas y obtiene:
Un puntaje total.
Un nivel de referencia (alto, medio, bajo).
Pautas orientativas para decidir próximos pasos.
Podés acceder al test desde aquí:
Test de estimulación cognitiva para geriátricos – Kit de autoevaluación Mnemos
4. ¿Para qué sirve el resultado más allá del número?
Lo importante no es solo el puntaje, sino lo que abre:
Si el nivel es bajo, el resultado puede ser un argumento sólido para rediseñar el plan cognitivo y solicitar recursos a los dueños o a la entidad propietaria.
Si el nivel es medio, es el momento ideal para profesionalizar lo que ya existe, ordenar actividades y sumar dispositivos específicos de estimulación.
Si el nivel es alto, la institución puede comenzar a posicionarse como referente, sosteniendo y comunicando ese diferencial a familias, redes y comunidad.
En todos los casos, el test actúa como un espejo técnico: muestra dónde están, qué ya funciona y qué conviene ajustar primero.
5. Conclusión: una invitación a mirar con honestidad y a proyectar
Preguntarse si un geriátrico “estimula la mente” de sus residentes no es una moda ni una exigencia académica. Es una forma de hacerse cargo de que el cuidado hoy implica cuerpo, emoción y pensamiento.
Evaluar la estimulación cognitiva en tu institución no significa admitir un déficit; significa mostrar que estás dispuesto a mejorar, a revisar y a proyectar.
Si te interesa pasar del “hacemos actividades” al “sabemos qué estamos generando en nuestros residentes”, te invitamos a usar el test de estimulación cognitiva para geriátricos de Mnemos como primer paso. Es gratuito, rápido y puede ayudarte a tomar decisiones mucho más claras para el próximo período.
Córdoba 2974, Rosario, Argentina
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